El eco anarcocapitalista de Friedman en Chile: ¿Es el “modelo chileno” la brújula para Milei y qué significa para el Biobío?
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Cabrero en Línea, 19 de junio de 2026. La visita del prominente economista anarcocapitalista David Friedman a Chile, antes de su encuentro con el presidente argentino Javier Milei, ha encendido las alarmas y los debates en la región. Friedman, hijo del Premio Nobel de Economía Milton Friedman, declaró en el programa De esto se habla de EL PAÍS y Radio ADN, que si Milei logra “convertir a Argentina en Chile, sería un gran logro”. Una afirmación que, si bien resuena en los círculos económicos, obliga a una profunda reflexión sobre las implicaciones de tal “modelo” para nuestra propia realidad y para el futuro de América Latina.
David Friedman, a diferencia de su padre que abogaba por un Estado mínimo pero presente, es un defensor acérrimo del anarcocapitalismo, una filosofía política que propone la eliminación total del Estado en favor de la provisión privada de todos los servicios, incluida la seguridad y la justicia. Su elogio al “modelo chileno” se enmarca, entonces, en una visión de mercados libres y mínima intervención estatal, que ha sido la columna vertebral de la economía chilena desde las reformas implementadas por los llamados “Chicago Boys” durante la dictadura militar de Augusto Pinochet.
El “milagro chileno”, como fue conocido en su momento, se basó en la privatización de empresas estatales, la apertura comercial, la desregulación y la reforma del sistema de pensiones. Estas medidas, si bien lograron una notable estabilidad macroeconómica y un crecimiento sostenido durante décadas, no estuvieron exentas de críticas. Como ha documentado extensamente la academia y medios como CIPER Chile, generaron profundas desigualdades sociales y una “deuda social” que se manifestó con fuerza en el estallido social de 2019. Según datos del Banco Central de Chile, la inflación se mantuvo controlada en comparación con otros países de la región, y el país atrajo una importante inversión extranjera, pero la distribución de la riqueza sigue siendo uno de los grandes desafíos pendientes.
La situación en Argentina, bajo la presidencia de Javier Milei, es radicalmente distinta. El mandatario argentino ha emprendido un programa de “terapia de shock” para combatir una inflación galopante y un déficit fiscal crónico, con medidas que incluyen recortes masivos del gasto público, privatizaciones y una fuerte desregulación. La admiración de Friedman por Milei se basa en esta audaz apuesta por un cambio de paradigma económico, buscando emular la estabilidad que Chile, a pesar de sus desafíos, ha logrado mantener en el largo plazo. Sin embargo, la implementación de estas políticas en Argentina ha generado un fuerte impacto social y una polarización política, con indicadores económicos que, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) de Argentina, muestran un aumento de la pobreza y una contracción de la actividad económica en el corto plazo.
Para los habitantes de Cabrero y la región del Biobío, estas discusiones macroeconómicas no son meras abstracciones académicas; tienen un impacto directo en el día a día, desde la estabilidad de los precios de los productos básicos hasta las oportunidades de empleo y el acceso a servicios públicos.
La estabilidad económica de Chile, o su ausencia, influye directamente en la inversión en sectores clave para nuestra región, como el forestal, agrícola y portuario. Un país vecino en crisis, como Argentina, puede generar flujos migratorios que impactan en la demanda de servicios locales y en el mercado laboral. Además, el debate sobre el rol del Estado versus el libre mercado resuena en cada discusión sobre infraestructura local, financiamiento de la educación o la salud en nuestras comunas. ¿Debe el Estado de Chile, y por ende los gobiernos regionales y municipales, intervenir más para asegurar el bienestar, o debe retirarse para dejar que el mercado asigne los recursos?
La visión de Friedman, aunque extrema, nos obliga a mirar críticamente nuestro propio camino. Chile ya no es el mismo país de los años 80, y el “modelo” ha evolucionado con importantes reformas sociales y políticas. La pregunta no es solo si Argentina puede convertirse en “Chile”, sino qué “Chile” es el que se busca emular, y a qué costo social. La discusión sobre el anarcocapitalismo y las reformas de Milei en Argentina, con la mirada puesta en la experiencia chilena, nos recuerda la constante tensión entre crecimiento económico y equidad social, un dilema que sigue siendo central para el desarrollo de nuestra región y de todo el continente.
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