Caso Senadora Flores: La violencia digital que golpea en Valparaíso y resuena en cada hogar del Biobío

Concepción, Región del Biobío. – Lo que comenzó como un quiebre matrimonial en la élite política de la derecha chilena, hoy se ha transformado en un caso emblemático que interpela a toda la sociedad. La senadora por la Región de Valparaíso, Camila Flores (RN), ha denunciado públicamente la filtración de fotografías íntimas, presuntamente extraídas de cámaras de seguridad de su antiguo domicilio y difundidas sin su consentimiento. La parlamentaria apunta como responsable directo a su exesposo y excore por Valparaíso, Percy Marín.
El hecho, que ha sido condenado de forma unánime desde el oficialismo hasta la oposición —un raro consenso en el polarizado ambiente político actual—, trasciende el escándalo mediático para aterrizar en un debate de fondo: ¿está Chile legalmente preparado para combatir la violencia digital de género? La respuesta es compleja. Si bien el país ha avanzado, este caso pone a prueba la robustez de nuestro arsenal jurídico.
Expertos legales consultados por este medio apuntan a que la investigación, que seguramente será liderada por la Brigada Investigadora del Cibercrimen de la PDI, se amparará en el artículo 161-A del Código Penal, que sanciona la captación de imágenes de carácter privado sin autorización, y el artículo 161-B, que castiga su difusión. A esto se suma la Ley 21.459 de Delitos Informáticos, promulgada durante el gobierno del ex-presidente Gabriel Boric, que modernizó la persecución de estos ilícitos. Sin embargo, organizaciones como la Fundación Datos Protegidos han señalado en reiteradas ocasiones que las leyes, aunque existentes, a menudo se enfrentan a una lenta aplicación y a la falta de especialización en el sistema judicial.

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Este tipo de violencia no es un fenómeno nuevo ni ajeno. Informes publicados por la Subsecretaría de Telecomunicaciones (SUBTEL) antes de 2025 ya advertían que cerca de un 40% de las mujeres chilenas usuarias de internet habían experimentado alguna forma de acoso o violencia en línea. Como documentó un reportaje de La Tercera a fines de 2024, la ‘sextorsión’ y la difusión no consentida de imágenes íntimas se han convertido en una de las formas más crueles de agresión digital.
Más allá del debate político, el caso de la senadora Flores desnuda una cruda realidad: en la era digital, la violencia de género ha encontrado nuevas armas y el espacio más íntimo, el propio hogar, puede convertirse en el escenario de la vulneración.
Pero, ¿por qué este caso, centrado en Valparaíso, debe importarle a un vecino de Cabrero, a una estudiante de Los Ángeles o a una trabajadora de Talcahuano? Porque la tecnología que facilitó esta agresión —un smartphone, una cámara de seguridad, una cuenta de red social— está en cada uno de nuestros hogares. La Seremi de la Mujer y la Equidad de Género del Biobío ha trabajado en campañas locales de concientización, pero la sensación de vulnerabilidad persiste. Este caso demuestra que ninguna mujer, sin importar su cargo o visibilidad pública, está exenta de sufrir una agresión que busca humillar y silenciar a través de un clic. La solidaridad transversal con la senadora Flores es un primer paso, pero la verdadera prueba será si el sistema de justicia actúa con la celeridad y la contundencia que la gravedad del hecho amerita, sentando un precedente para proteger a todas las ciudadanas, vivan en el Congreso o en cualquier rincón del Biobío.
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